24/3/09

Capítulo 3



No pude dormir en toda la noche, no sé por qué. No era una noche ni acalorada, ni fría, no tenía nada de especial. No era mi mente tampoco, no estaba pensando en nada. O... ¿si lo hacía?. Ya no recuerdo. O no quiero recoradarlo. En fin, no dormí esa noche, pero estaba feliz. Era como si de repente, por arte de magia, ya no lo recordara a él, al que ni siquiera quiero mencionar su nombre. No era arte de magia, sabía muy bien que era gracias a Jack.
A las nueve y treinta de la mañana desistí de seguir dando vueltas entre mis sábanas y me levanté a buscar algo para beber. Mi casa hacía meses que estaba vacía. Vivía con mi madre, pero en temporada de turismo viajaba a la playa a trabajar y yo me quedaba en casa. No era una obligación, yo lo decidía, la playa, arena, sol, demasiada gente, definitivamente no iba conmigo. Prefería la soledad, o estar acompañada por mis amigos. Las multitudes me ponen de mal humor. Como de costumbre, la heladera estaba vacía, posiblemente si no saliera de compras algún día no se llenaría. Pero de vez en cuando la abría a ver si me sorprendía encontrando algo. Ya pesaba 7 kilos menos. ¡ Lo que puede lograr la poca fuerza de voluntad!. Volví a la oscuridad de mi habitación, me gusta la oscuridad, es... tranquilizante, si no le temes. Encontré una manzana, me senté en el sofá de mi habitación a comer. Como si fuera un icreíble banquete, ¡tan sólo una manzana!. Quiero verlo, pensé. Me levanté de un salto y tomé el teléfono para llamar a Jack. Me detuve antes de marcar el último número. No podía dejar que notara tanta desesperación, no, no lo llamaría. Suena el teléfono, apenas un segundo después de que haya cortado. - Hola- dije apresurada, - Hola, ¿cómo has dormido? - ¡Era él! - ¿Jack?- pregunté asombrada. -Si- dijo riendo, - ¿cómo conseguiste mi teléfono?- Acabo de preguntarselo a Tomi- exclamó. - Ah, bien, dormí bien- mentí retomando a su pregunta. - Me alegro mucho- me dijo, su voz era tan fascinante, me quedé sin decir nada. - Eh... bueno, quería saber si te gustaría que nos vieramos hoy- estaba muy distraída recorriendo sus labios en mis recuerdos, - si, claro- le dije despacio. -¿A dónde te gustaría ir?- me preguntó cortesmente, - No lo sé, es igual- no me di cuenta que sonaba demasiado desinteresada, - Si no quieres, podemos vernos otro día- No- exclamé rápidamente -no, hoy está bien- aseguré. Luego decidimos que iría a la casa de Tomi, y allí planearíamos la salida. Después de arreglarme dignamente para ver a Jack salí hacia la casa de Tomi, quedaba a unas pocas cuadras. Tomi no estaba en casa, no se nos ocurría a dónde ir. En conclusión, nos quedamos en la casa toda la tarde. Me sorprendía el interés que mostraba por mi. Le pregunté sobre Matthew, me contestó que era algo que habia pasado hace bastante tiempo, lo apenaba. - Pero, hay algo que me ayuda a olvidarlo- me dijo mirandome a los ojos. Hice una mueca de curiosidad - Tú.- me tomó la mano, temblaba, sus ojos se llenaron de lágrimas al igual que los mios... Arrancó un cordón que llevaba en su cuello, no alcanzé a leer lo que decia el dije. Estabamos en la cocina, prendió la llama del calentador y quemó el dije y el cordón. Lo miré extrañada, - Ya no quiero acordarme de mi pasado- hizo una pausa- De que sirve guardar las cosas que me dió, no quiero sufrir más- dijo volviendose al cordón quemado, lo tiró al tacho de basura. Miré mi cuello, tenía un mísero colgante, si el inombrable no me lo hubiera dado, no lo habría usado nunca. Me dió un escalofrío, me entristecí de repente. Lo pensé un minuto, darle el colgante para que lo queme no sólo significaba que quería olvidarme de el inombrable, sino que también, que le estaría dando a Jack un lugar en mi vida. ¿Lo conozco lo suficiente?, ¡si! me contesté imprudente. Lo desaté de mi cuello, me hubiera gustado arrancarlo, pero no tengo la fuerza como para romper ni siquiera un débil cordón. Se lo dí, - Yo tampoco quiero recordarlo- lo miré a los ojos fijamente, entendió lo que significaba. Te entrego mi corazón, le decía con la mirada. Lo comprendió. Esta vez fue más cuidadoso, lo quemó lentamente mientras me observaba, sé que lo hacia, pero yo estaba ocupada en la llama que deboraba de a poco los recuerdos de cada minuto al lado de él. Ya sólo quedaban las cenizas en el suelo. Su mirada me fulminaba, ya no importaba absolutamente más nada. Era la primera vez que alguien había ganado mi corazón en tan sólo dos diás, solía tener mucha precaución en ese tipo de situaciones. Pero él me hacia olvidar hasta de cómo era yo antes de conocerlo, no me importó, confiaba en él.
¿Cuánto dice un silencio?, los suyos me recitan poemas de amor, tristeza... Sus silencios, dicen más que mil palabras. Lo había decidido, voy a hacerlo feliz, me dije. Sé que después de la vida que él había tenido sería difícil. Pero es una persona fuerte. Se lo dije.
Ese día, como el anterior, terminé de contarle sobre mi vida. Confiaba demasiado quizás, le di las herramientas para salvarme, para comprenderme o para terminar de hundirme. Detallé ante sus ojos emocionados y sus palabras sorprendidas y ansiosas, cada segundo del 26 de julio, el peor día de todo el año, lo repetí más de diez veces. Hace tres años ya, que Marco murió. Sin duda fue la persona que más me lastimó, la persona que mas quise, por la que di mi vida. Depués de él, ya no me sentía con fuerzas para vivir. Ese 26 de julio, por fin había logrado que Nate y Marco se llevasen bien. Caminabamos por la calle, Nate iba saltando delante de nosotros. Hubiese querido ir saltando con él pero después de la dosís, ambos quedabamos en un estado deplorable, siquiera podíamos caminar. Eso era lo que Nate más odiaba de él, lo que yo hacía cuando estaba a su lado. Marco reía, yo lo sabía, pero no se le notaba, su rostro estaba inmóvil. No me interesa contar como fue, a Jack muy tristemente se lo insinué. Quizás sea lo peor que le pude contar. Odio llorar, no quiero mostrar mis debilidades. Ya era presa suya, estaba con mi corazón abierto ante él... Me abrazó y prometió cuidarme. Ya se hacía muy tarde, me acompañó hasta mi casa. Intenté no temblar ni tambalear, me daba verguenza que viera lo que producía en mi.

0 Comments: