- Adiós!- exclamé después de besarlo por séptima vez, se nos hacian difíciles las despedidas. -¡No quiero irme!- dijo tomandome por la cintura, volví a besarlo. - Se van a preocupar, ¡vamos!-. Entonces me sonrió y lentamente se fue alejando. Lo veía caminar mientras pasaban por mi mente las imágenes de tan maravillosos días que habiamos pasado juntos. Entré nuevamente en mi casa, estaba oscureciendo, por lo que encendí todas las luces. La oscuridad no era buena compañia en una casa tan grande y antigua. Subí las largas y desprolijas escaleras, llegué a mi habitación agotada. Lo primero que hize fue escribir un mensaje en mi celular, "Que tengas un buen viaje, buenas noches, te quiero" se lo envié. Surgió un suspiro en mi, sentía mi corazón lleno de alegría y a punto de estallar. Me recosté en mi cama tratando de conciliar el sueño. Después de varias vueltas e intentos finalmente me dormí. El clima de esa noche era verdaderamente agradable, por lo que descansé muy bien. En época de vacaciones dormía hasta bastante tarde, pero esa mañana me despertó el sol,pues habia dejado la ventana abierta, fue un día tranquilo. Antes de que anochezca lo llamé por teléfono.
-Hola- me saludó cortante.- ¿cómo viajaste?, ¿cómo estás?- pregunté entusiasmada, - No entiendo porque debería de importarte- volvió a ser muy hostil conmigo. - Pasa algo?- esperaba que no fueran malas noticias, -Bueno, realmente si- se hizo un silencio que me estrujó el corazón. -Y...- dudé si realmente quería saberlo, - ¿qué sucede?- pregunté insegura. Tardó en contestarme,- Que estoy cansado, que conocí a alguien-. -Alguien?- ¿a que se refería con alguien? traté de disimular que estaba a punto de llorar. -Si, y la amo, creo que nuestra relación no está en el mejor momento, perdona, pero es mejor así- me quedé congelada sin saber que contestar, -Perdón- me dijo y cortó. Me quedé con el teléfono en la mano, sin saber que hacer. Mi mente se había tildado mientras repetía "¿Por qué?. ¿¡Por qué!? ".. Quizás es una broma, quizás se arrepiente, pensé. Esperé dos días volver a saber de él. Cuando perdí toda esperanza de volver a verlo conmigo, rompí en llanto, mi cabeza se inundó de recuerdos y mi corazón de ilusiones rotas, de una tristeza incontrolable que se apoderó de mi durante dos eternos días. Aún no podía encontrar los motivos, habiamos discutido hace más de dos meses atrás y creía que las cosas entre nosotros estaban de maravilla, por lo menos eso me hacia sentir él. Permanecí varios días en mi habitación llorando, a oscuras, enterrada en mi dolor y mis pensamientos. De repente el molesto sonar de mi teléfono me distrajo, respiré profundamente para disimular mi malestar. - Hola - contesté el teléfono, - ¡May!, ¿cómo estás?- preguntó entusiasmado, era Nate... mi mejor amigo desde que puedo recordar, había viajado a otro país, bastante lejos. Realmente se notaba su ausencia, Nate era de esas personas que no pueden mantenerse quietas, si lo eh visto serio más de dos veces, exagero. Mis ojos se llenaron de lágrimas. Era emocionante escuchar su voz después de tanto tiempo, además, estaba especialmente sensible, y hacia él no hacía falta disimularlo. -No muy bien- se notaba la angustia en mi voz, -¿por qué?, ¡no me digas que fue él!- dijo enfurecido.. Nate, sentía un particular desprecio por él, los chicos que me gustaban nunca llegaban a agradarle, pero a este, ¡lo odiaba!. No quería darle la razón, pero no le iba a negar algo así a mi mejor amigo. -Si-, para mi sorpresa, en vez de atormentarme con sus típicos "¡te lo dije!" su voz se enterneció y juró mil veces estar arrepentido de haberse ido sin mi, intentó como pudo calmar mi llanto... Hablamos horas, yo soy una persona muy difícil de consolar, exagerda quizás, demasiado inestable. Al menos según mi experiencia vivida, la única persona que me conoce a la perfección y que es capaz de predicir mis actos, es él, Nate... Los días que siguieron a esta llamada fueron una auténtica tortura, tanto para mi como para Nate, que se sentía tan impotente ante mis lágrimas... Nunca pude comprender su huida, ni siquiera después de tantas horas de escuchar sus motivos, no lograron a ser suficientes para mi...
-Hola- me saludó cortante.- ¿cómo viajaste?, ¿cómo estás?- pregunté entusiasmada, - No entiendo porque debería de importarte- volvió a ser muy hostil conmigo. - Pasa algo?- esperaba que no fueran malas noticias, -Bueno, realmente si- se hizo un silencio que me estrujó el corazón. -Y...- dudé si realmente quería saberlo, - ¿qué sucede?- pregunté insegura. Tardó en contestarme,- Que estoy cansado, que conocí a alguien-. -Alguien?- ¿a que se refería con alguien? traté de disimular que estaba a punto de llorar. -Si, y la amo, creo que nuestra relación no está en el mejor momento, perdona, pero es mejor así- me quedé congelada sin saber que contestar, -Perdón- me dijo y cortó. Me quedé con el teléfono en la mano, sin saber que hacer. Mi mente se había tildado mientras repetía "¿Por qué?. ¿¡Por qué!? ".. Quizás es una broma, quizás se arrepiente, pensé. Esperé dos días volver a saber de él. Cuando perdí toda esperanza de volver a verlo conmigo, rompí en llanto, mi cabeza se inundó de recuerdos y mi corazón de ilusiones rotas, de una tristeza incontrolable que se apoderó de mi durante dos eternos días. Aún no podía encontrar los motivos, habiamos discutido hace más de dos meses atrás y creía que las cosas entre nosotros estaban de maravilla, por lo menos eso me hacia sentir él. Permanecí varios días en mi habitación llorando, a oscuras, enterrada en mi dolor y mis pensamientos. De repente el molesto sonar de mi teléfono me distrajo, respiré profundamente para disimular mi malestar. - Hola - contesté el teléfono, - ¡May!, ¿cómo estás?- preguntó entusiasmado, era Nate... mi mejor amigo desde que puedo recordar, había viajado a otro país, bastante lejos. Realmente se notaba su ausencia, Nate era de esas personas que no pueden mantenerse quietas, si lo eh visto serio más de dos veces, exagero. Mis ojos se llenaron de lágrimas. Era emocionante escuchar su voz después de tanto tiempo, además, estaba especialmente sensible, y hacia él no hacía falta disimularlo. -No muy bien- se notaba la angustia en mi voz, -¿por qué?, ¡no me digas que fue él!- dijo enfurecido.. Nate, sentía un particular desprecio por él, los chicos que me gustaban nunca llegaban a agradarle, pero a este, ¡lo odiaba!. No quería darle la razón, pero no le iba a negar algo así a mi mejor amigo. -Si-, para mi sorpresa, en vez de atormentarme con sus típicos "¡te lo dije!" su voz se enterneció y juró mil veces estar arrepentido de haberse ido sin mi, intentó como pudo calmar mi llanto... Hablamos horas, yo soy una persona muy difícil de consolar, exagerda quizás, demasiado inestable. Al menos según mi experiencia vivida, la única persona que me conoce a la perfección y que es capaz de predicir mis actos, es él, Nate... Los días que siguieron a esta llamada fueron una auténtica tortura, tanto para mi como para Nate, que se sentía tan impotente ante mis lágrimas... Nunca pude comprender su huida, ni siquiera después de tantas horas de escuchar sus motivos, no lograron a ser suficientes para mi...

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