Me desperté, con menos ganas de ver la luz que nunca. En la oscuridad intenté encontrar la llave del velador. Caminé hacia la cocina. Abrí la heladera... No hay nada, no compraste nada, ¿esperás que aparezca mágicamente?... Era increíble que quien más me despreciaba era mi propia mente. Me había despertado con un mal presentimiento, sabía que él vendría hoy. Me sorprendió el timbre. Me acerqué a la puerta.
- ¿Quién es?- Pregunté a pesar de que en el fondo de mi inconciente, lo sabía.
- Jack- Lo sabía.
Abrí la puerta de muy malos modos.
- ¿Qué te olvidaste?- lo interrogué, quería que se vaya.
- Nada, quería... hablar- me miró a los ojos, se acercó para tomar mi mano.
Alejé mi brazo rápidamente. Me dirigí a él con la mirada más severa que pude representar.
- No hay nada que hablar, las cosas ya estan dichas.- le dije.
- Es por tu bien- en su rostro reapareció esa sonrisa malévola
- no me gustaría tener que perjudicarte- me amenazó.
Una corriente fría comenzó a congelarme el corazón. Me desconcertó como su humor podía transformarse en cuestión de segundos.
- ¿De qué quieres hablar? - mi voz ya se notaba débil e insegura.
- Tengo algo que contarte- me dijo seriamente, y se decidió a entrar en mi casa. Me hizo a un lado.
Lo miré con desagrado. Se sentó en mi sala, lo acompañé.
- La situación- comenzó a decir - es que no tienes fuerzas para mantener una relación conmigo-
- Si mal no recuerdo tu has vuelto a mi lado, yo nunca te perseguí- le contesté.
Sin escuchar lo que le decía continuó
- Pero a pesar de eso, yo quiero tenerte conmigo por lo que tendrás que acostumbrarte a mi ritmo-
Lo miraba sorprendida, estaba en presencia de su gran soberbia. En repetidas ocaciones llegué a pensar que Jack no era el único, que había muchos Jack, cada uno con su propia personalidad.
Se levantó del sofá y me dijo
- Sólo era eso, quería advertirte- se acercó a la puerta, antes de abrirla me miró amenazante y se fué.
Mi cuerpo no se movía, mi mente daba vueltas sin llegar a ninguna parte.
Entonces sonó el teléfono de mi casa.
- Hola- lo contesté.
- Hola, tanto tiempo, ¿cómo estás?- Era Amy, sinceramente no me lo esperaba.
- Eh, muy bien, ¿tú?- pregunté simulando cierta felicidad en el tono de mi voz.
- ¡Bien!, quería saludarte y ver cómo te encuentras, hace tiempo ya que no sé de tí.- me dijo interesada.
- Bueno, estoy bien.- Estuvimos más de una hora hablando por teléfono. Después de entrar en confianza, siendo que era ajena a esta historia decidí contarle lo que sucedía. Después de éste llamado me sentí bastante aliviada.
Amy me aconsejó que lo denunciara, o que pidiera ayuda a alguien. Sin embargo, yo sabía que no funcionaría. Jack era la persona más inteligente que conocía, él podría corromper este pryecto con facilidad. Descarté el consejo, aunque sentí que la situación la preocupaba de verdad.
En los siguientes tres días no hubo rastros de Jack, nadie sabía de él. Por mi lado, mis conversaciones con Amy aumentaron. Era satisfactorio pensar que alguien se interesaba en ayudarme.
